viernes, 24 de abril de 2009

Angel David Martín Rubio: El Bombardeo de Cáceres y la Aviación en Extremadura (1936-1939)



Palacio de Mayoralgo en la Plaza de Santa María de Cáceres destruido por la Aviación Roja

El Bombardeo de Cáceres y la Aviación en Extremadura (1936-1939)
Ángel David Martín Rubio Universidad San Pablo-CEU, Madrid

La lucha aérea durante la Guerra Civil pasa por una serie de etapas muy bien definidas:
1. Los primeros días se vuela con el material existente, caduco y apenas preparado para una guerra de larga duración. Los combates podían recordar a los de la Primera Guerra Mundial: pocos enfrentamientos por la escasez de material y falta de aviadores.
2. Al poco de estallar el conflicto ambos bandos se lanzan a la búsqueda de material aéreo más adecuado a sus necesidades, se inicia así la segunda fase en la cual el Gobierno republicano se apoya directamente en Francia que comienza el suministro de aviones más modernos, los Dewoitine y Loire (como cazas) y los Potez (como bombarderos). Casi a la vez que los gubernamentales, los sublevados logran el apoyo de Italia y Alemania que les suministran aviones de transporte (Savoia-81 y Junker-52, susceptibles de ser empleados como bombarderos) para realizar el traslado de las tropas por el aire a través del Estrecho de Gibraltar. Poco después llegaban los primeros cazas, los Fiat CR 32 y los Heinkel 51 que bien administrados permitieron a los nacionales pasar de la inferioridad al dominio del aire desde la toma de Talavera de la Reina a comienzos de septiembre y facilitaron el rápido avance hacia Madrid.
3. En la tercera fase llegan al bando frentepopulista los suministros de procedencia soviética que les otorgan la superioridad en el aire y se consigue detener el avance de las tropas nacionales en las mismas puertas de la capital de España.
4. Este desequilibrio fue poco a poco igualado superado hasta tal punto que en el momento en que se combatía en Brunete (julio de 1937) lograban las alas Nacionales el dominio del Aire que no se dejarían arrebatar ya en toda la guerra. Durante la campaña del Norte (hasta octubre del mismo año) actuaron muy lucidamente tanto las escuadrillas españolas como las italianas y alemanas con marcada supremacía aérea ya que en la región norteña tuvieron los nacionales por primera vez en la campaña superioridad numérica en aviones sobre los republicanos. En la Batalla del Ebro (julio/noviembre de 1938) la Aviación nacional dio su máximo rendimiento. Todo avance de las tropas de tierra era precedido por fuertes bombardeos aéreos seguidos inmediatamente por una acción de las unidades de asalto o ametrallamiento.
Desde el punto de vista técnico, la Aviación durante nuestra guerra vio la transición del avión biplano al monoplano, desarrollándose nuevas tácticas de combate aéreo a mayor velocidad y altura, se verificó el aumento del potencial de fuego de los cazas y se ejecutaron los primeros bombardeos de poblaciones como elemento de castigo hacia la población civil.
En efecto, si bien durante la Primera Guerra Mundial ambos bandos habían bombardeado ciudades de la retaguardia enemiga, fue durante la Guerra Civil Española cuando se generalizó esta práctica, prevista en las doctrinas que sobre el poder aéreo se desarrollaron en Europa y en Estados Unidos en la época de entreguerras. En este último sentido es importante la distinción entre bombardeo táctico y estratégico. En el bombardeo táctico las fuerzas aéreas intentan derrotar al enemigo en una batalla en particular (en muchas ocasiones cooperando con otros elementos de las fuerzas armadas) mientras que en el bombardeo estratégico el objetivo es derrotar al enemigo en la guerra, realizando para ello una campaña de envergadura que mine poco a poco los recursos del adversario (ya sea su capacidad industrial, la moral de sus ciudadanos en retaguardia o cualquier otro procedimiento).
El bando republicano fue el primero en bombardear ciudades, de forma que antes de finalizar el mes de julio de 1936 ya habían sufrido estas agresiones Zaragoza, Córdoba, Sevilla y otras, según se reconoce en sus propios partes oficiales de guerra[1]. Ahora bien, mientras que el Gobierno republicano inició una activa campaña propagandística internacional frente a los bombardeos nacionales, que llegó incluso al Vaticano, la propaganda nacional, mucho menos preocupada por estas materias, sólo acertó a responder tardíamente con unos folletos que registran menos bombardeos y muertos que los que hubo realmente[2].
Veamos en este trabajo el uso que se hizo de la Aviación en un frente de las características del extremeño, definido tradicionalmente como secundario y establecido en una región cuyas dos provincias sufrieron una suerte muy distinta: En Cáceres una vez dominada la capital por los sublevados, las nuevas autoridades organizaron sus fuerzas que fueron controlando el resto del territorio sin grandes complicaciones. En Badajoz, las fuerzas armadas permanecieron en un principio al lado de la República y únicamente en Castuera y Villanueva de la Serena se llegó a consolidar precariamente un enclave dominado por los alzados pero pronto sería sofocado y el 30 de julio toda la provincia quedaba en manos de la República.

I. La aviación en los primeros pasos de la guerra
El 31 de julio ocurría un episodio que podemos considerar la primera intervención aérea con importantes repercusiones sobre la población civil ocurrida en Extremadura. La Guardia Civil concentrada en la capital y Mérida fue enviada por tren a Madrid siguiendo las directrices gubernamentales pero, al llegar a la Estación de ferrocarril de Medellín (provincia de Badajoz), decidieron atravesar el Guadiana y unirse a los nacionales de Cáceres en Miajadas siguiendo la ruta que, a través de Santa Amalia, unía ambas poblaciones. A tal efecto, cortaron los hilos del telégrafo para impedir toda comunicación, detuvieron al maquinista y al fogonero y todos abandonaron el convoy. Aunque fue fácilmente superado, el único obstáculo se encontró en el puente donde quedó malherido el guardia Luis Mendo Núñez, que se encontraba enfermo e impedido de seguir la marcha. Los milicianos lo remataron y llevaron su cadáver a las puertas de la iglesia de Santa Cecilia para impresionar a los derechistas que allí se encontraban detenidos. Al amanecer, una larga columna de guardias, mujeres y niños, marchan fuera de la carretera, por terrenos ásperos y montañosos, en dirección a las líneas nacionales.
Un aviador procedente del aeródromo de Tablada que les acompañaba había desertado y puesto en alerta de lo ocurrido a las autoridades de Medellín e inmediatamente fue bombardeado el pueblo de Santa Amalia, creyendo que los sublevados se habían refugiado aquí, y causando la muerte de cinco civiles[3]. Otras bombas descargadas sobre los huidos cuando ya se encontraban en Miajadas no tendrán ninguna efectividad.
Poco después, el Gobernador Civil de Cáceres ponía en conocimiento del General Queipo de Llano la necesidad de hacer frente a esta intervención aérea:
«Fuerza Guardia Civil que envía Badajoz a Madrid en número de trescientos
enviadas a reforzar Frente Popular, Madrid, se nos han unido en el pueblo de
Miajadas de esta provincia y acaban de volar sobre dicho pueblo dos aviones
bombardeándolos. Ruégole urgentísimamente aparatos contra dichos aviones
rojos»[4].
La llegada de aviación procedente del extranjero iba a dar lugar a un pintoresco episodio que tuvo como escenario a Extremadura. El 9 de agosto un trimotor alemán Junker-52 aterrizó en el aeródromo de Barajas, despegando muy poco después y tomando tierra en Azuaga (Badajoz) por escasez de gasolina. Aquí será capturado por fuerzas del Gobierno que le condujeron a Madrid. El Encargado de Negocios alemán pidió entonces al Ministro de Estado que fueran liberados el avión y sus tripulantes. Reunido al día siguiente el Consejo de Ministros acordó retener el Junker y entregar los tripulantes a la Embajada alemana. Posteriormente intervinieron en el asunto el embajador francés y el Encargado de Negocios Británico y el asunto pasaría, finalmente al Comité de no intervención, pero antes de que se adoptase ningún acuerdo, el avión fue destruido durante un ataque aéreo al aeródromo de Barajas. Seguramente se trataba de un avión alemán de último modelo entonces, y el Gobierno tenía interés en retenerlo para que técnicos propios así como franceses y rusos, que habían llegado ya a España, lo examinaran[5].

II. La Aviación en la Marcha sobre Madrid
A comienzos de agosto toda la provincia de Badajoz estaba bajo el control de la República y, lo que es más importante, no se preveía ninguna amenaza seria porque la guarnición cacereña tenía bastante con mantenerse a la defensiva en los límites de las provincias de Badajoz y Toledo. En esta zona se empezaba a formar un frente fluido y discontinuo en el que columnas de milicianos y guardias de asalto de un lado y núcleos de falangistas y soldados del Regimiento de Argel, de guarnición en Cáceres, por el otro, se mantenían en posición vigilante. Sin embargo, este equilibrio se iba a ver irremediablemente alterado en pocos días debido a la presencia de las tropas nacionales que hicieron de Extremadura el escenario principal de la primera etapa de su Marcha sobre Madrid desde el sur.
Nueve Junkers de los veinte que llegaron a Tetuán, dejaron de prestar servicio en el puente aéreo del Estrecho para ser agregados con lanzabombas y ametralladoras. Con ellos se organizó la Escuadra B, puesta a las órdenes del Comandante José Lecea y constituida por tres escuadrillas al mando de los Capitanes Díaz-Trechuelo, Carrillo y Gil de Mendizábal que habrían de actuar como fuerza de bombardeo en apoyo de las columnas de tierra en su avance hacia Madrid. Un informe del Teniente Coronel Asensio Cabanillas con posterioridad a la ocupación de Almendralejo (8 de agosto) ponía de relieve la superioridad de la aviación gubernamental:
«La aviación enemiga ha bombardeado en la jornada de ayer 3 veces a la columna:
2 horas de bombardeo total. Los resultados no fueron grandes pues en total se
inutilizaron 6 camiones y hubo 2 muertos y 10 heridos; pero resultaron muerto 1
chofer requisado y otro herido y la moral del resto del personal civil se ha
deprimido notablemente. Hoy se les reunirá para levantarles la moral pues todos
decían que bien podía enviarse aviación de caza para impedir que el enemigo
bombardeara a placer como lo hacía. A los efectos del bombardeo hay que añadir
el que producen unas hojas que los aviadores lanzan y prensa de Madrid que se
procura recoger y quemar pero que es inevitable se extravíe algo en poder de
tales elementos civiles»[6].
A pesar del escaso apoyo aéreo con que contaba la Columna Madrid, el 7 de agosto ―mismo día en que se ponía fin a la sublevación del Cuartel de la Guardia Civil de Badajoz― hacía su aparición a las once de la mañana un trimotor procedente del aeródromo de Tablada (Sevilla) que dejaba caer unas bombas sobre la ciudad. Los bombardeos se repetirían en los días sucesivos provocando algunas bajas y el consiguiente desconcierto entre los defensores. De la precariedad material y el valor personal que había que poner para prestar estos servicios nos da una idea la muerte del Capitán Aviador Francisco Díaz-Trechuelo Benjumea. Piloto de un Junker, considera su deber volar a muy baja altura para poder bombardear a las fuerzas frentepopulistas situadas a escasa distancia de las propias, cuidando de evitar el error de que una bomba cause bajas en las propias tropas. Pero un avión es muy vulnerable a 200 m de altura y fue alcanzado por un disparo de fusil desde tierra el 14 de agosto mientras protegía la entrada en Badajoz[7]. Sin embargo esta misma circunstancia de volar a tan poca altura permitió interrumpir el fusilamiento de un grupo de presos derechistas que estaban llevando a cabo milicianos frentepopulistas en las afueras de Talavera la Real. La mayoría murieron pero uno de los supervivientes ha dejado un testimonio que reproducimos a partir del momento en que las ráfagas de tiros abatieron a las víctimas y comenzaron a rematarlos:
«Cesó el fuego y yo me hice el muerto encima de Antonio Doncel sin moverme,
porque observe que a todo el que se movía le daban otro tiro. El que disparaba
pasó cerca de mí y me disparó un tiro de escopeta, pero por fortuna tampoco me
dio, llenándome por completo de tierra, con la que levanto el tiro a una cuarta
de mí. De pronto sentí correr y que todo quedaba en perfecto silencio, sólo
interrumpido por un estruendo formidable, como de una bomba, no sintiendo
después ruido alguno; fui abriendo los ojos poco a poco, hasta que vi que era un
aeroplano que había dejado caer tres bombas por las inmediaciones del sitio
donde estábamos, viendo que por delante no había ningún rojo y por detrás no se
oía ningún ruido y, además, llevaba más de una hora haciéndome el muerto, y sin
poder resistir más, me levanté, y soltándome del cadáver al que estaba atado,
con mucho trabajo, extendí la vista, no viendo a nadie por los alrededores, pero
quedé asombrado al contemplar aquel cuadro de muerte tan aterrador. Tiré la
americana y salí corriendo con dirección a Portugal»[8].
A las 14h del 12 de agosto, Yagüe comunicaba a Franco sus propósitos para el día siguiente:
«A las 8 de la mañana estará ocupado Lobón. Talavera la Real. A las diez montaré el ataque a
Badajoz y después de la preparación artillera necesaria daré el asalto. Necesito
que desde las 5 horas hasta la ocupación de Badajoz esté volando aviación porque
en el momento que la aviación enemiga ve aparatos huye. Los puntos a batir son
los que en mi información le marcaba»[9].
Por la tarde, concretaba que los bombardeos debían efectuarse por la mañana de 6 a 7 y a las 4 de la tarde por ser las horas de actividad de la aviación enemiga. En un nuevo mensaje, Yagüe insistía en la necesidad de recibir apoyo aéreo:
«Amanecer día 13 ocuparé Lobón y Talavera la Real e inmediatamente Badajoz.
Procedente Madrid llegaron ayer aeródromo Don Benito tres vagones bombas
aviación. Muy necesaria presencia durante el día. Hoy nos han bombardeado tres
aparatos acompañados un caza»[10].
A las 4.50h del 14 de agosto, Franco confirmaba a Yagüe la respuesta positiva a sus insistentes peticiones de aviación: «Constantemente se mantendrá un aparato en el aire. Conforme forma bombardeo. Dígame hora comenzará acción objeto controlar actuación enemiga y mantenga enlace constante conmigo»[11]. A las 5.35h, Yagüe daba cuenta del inicio de las operaciones: «En este momento empiezo combate sobre Badajoz. Ruégole cooperación aviación»[12]. A las 5h había salido un avión de Sevilla hacia Badajoz y a las 6.30 el Teniente Coronel precisaba los efectos positivos sobre el avance: «Con un valor temerario Junker nuestro está volando sobre los tejados de Badajoz y elevando enormemente espíritu de columna ya muy elevado. Bravos aviadores españoles no os expongáis tanto hay que reservar vidas y aparatos»[13]. A las 7.30h: «Se le comunica al General Franco que la operación va muy bien, así como el enlace entre aviación y columna. La resistencia está en Gobierno Civil, Cuartel y murallas del Este. La columna va rodeando para ocupar las entradas de la ciudad»[14]. A las 8h, Yagüe comunicaba la presencia de un avión enemigo a la vista[15] y pedía refuerzos a Mérida: «Ruego comunique a Mérida ordene salga para Badajoz convoy que he dicho a Teniente Coronel Artillería compuesto 240 cajas y lo que se necesite escoltado por compañía de regulares»[16].
Diez minutos más tarde ya eran dos los aparatos de caza enemigos presentes, si bien uno tomó rumbo a Sevilla[17]. A las 8.35h, Yagüe indicaba los puntos que se debían atacar: «Necesito potente acción de aviación en la brecha este, en la brecha sur, cuartel que está al lado de esta brecha y murallas próximas a estas brechas»[18]. Poco después, precisaba: «Por estar ocupado exterior murallas aviación no debe bombardear más que interior, objetivos que ya he dado» (9.15h)[19]. No obstante, Franco le solicitaba a las 9.35h mayor información: «Dígame que parte de la muralla tiene ocupada si son sus puestos más elevados. Aclare objetivos interior a que se refiere»[20] Yagüe respondía en los siguientes términos a las 10.45h:
«No tengo nada ocupado de la muralla. Al sur de población hay una brecha de 150
ms por la que entra la carretera del cementerio. Esta brecha está entre dos
edificios grandes. Conviene aplastar el del Este. Al Este de la población y
frente vértice que forma carretera de Sevilla y Mérida junto a un bosque de
pinos hay una brecha en la que hay parapetos, necesito batirlos»[21].
La cooperación de la aviación produjo efectos positivos pues hacia las 8.45h una patrulla de bombardeo que venía sobre la Columna se había retirado al ver un trimotor propio y un Breguet enemigo fue perseguido por un Junker[22]. Pero a las 11.05h se produjo un nuevo bombardeo sobre la Columna[23].
El 15 de agosto, Yagüe redactaba unas líneas dirigidas a Franco en las que se hacía balance de lo aprendido en la ocupación de Badajoz y que merecen ser reproducidas en su integridad:
«Mi querido General: la toma de Badajoz ha sido una operación de mucha barba
como podrás ver por la relación de bajas. Nuestra artillería contra esas
murallas servía lo mismo que los fusiles y en vista de que los pájaros se
resistían tuve que entrar a la bayoneta.
Esta operación me ha enseñado
muchas cosas. Primera, las operaciones no pueden hacerse sin la cooperación de
la Aviación cuando hay que ocupar varios pueblos, si se trata de uno solo sí
porque la marcha puede hacerse de noche o asaltar el pueblo al amanecer, pero si
se trata de varios ya el segundo hay que avanzar y combatir de día y la Aviación
causa muchas bajas y sobre todo desmoraliza enormemente a la gente, la
desbandada se produce inmediatamente. Hacen falta cañones antiaéreos y caza o
Aviación nuestra ante la que huyen hasta los cazas enemigos. Segundo, los
tanques son imprescindibles porque si no el chorro de bajas hará que estas
Unidades se queden en cuadro y como tú sabes estos soldados no se improvisan.
Hoy he mandado a Portugal, como te dije dos Capitanes para ver al Capitán
Lourenzo y a tu hermano para ver si pueden darnos tanques y cuantos más mejor y
para levantar el banderín de enganche»[24].
Ocupada Badajoz, la segunda fase del avance nacional sobre Madrid tiene una nota característica que son los ataques sufridos de la aviación enemiga. Comprendiendo la amenaza que representaba el dominio de Extremadura para la defensa de la región central, los gubernamentales decidieron concentrar en los aeródromos de Ciudad Real y de la zona oriental extremeña la mayor parte de sus aviones disponibles con el objeto de cortar el avance de la Columna Madrid (tan vulnerable a este tipo de actuaciones) mediante ataques reiterados en los lugares en que observaban concentraciones de hombres y vehículos.
Pero no eran sólo las columnas militares las atacadas por la aviación. Durante estos días son frecuentes los bombardeos sobre las localidades que iban quedando en la retaguardia nacional extremeña y que recibieron con frecuencia las bombas de estas escuadrillas que causaban bajas especialmente entre la población civil. Así en Mérida, después del combate del 14 de agosto, el primer bombardeo que causó víctimas fue el 18 de septiembre: hubo cuatro muertos y varios heridos de la población civil. El 20 de diciembre fueron ocho o nueve las víctimas civiles y destruyeron varias casas cerca del puente de la vía férrea de Sevilla; el día 23 tuvo lugar el más cruento de todos. Tras un período de calma, los días 16 y 17 de febrero, 7 y 12 de mayo y 24 de julio se repiten las incursiones y el último ataque lo realizaron el 13 de julio de 1938: diecisiete aparatos ametrallaron la ciudad y sus alrededores causando muertos y heridos[25]. En total, los bombardeos republicanos fueron unos cuarenta y cinco y ocasionaron unos ochenta muertos y ciento cincuenta heridos[26].
La ofensiva aérea sería especialmente dura con ocasión del paso por Santa Amalia de la Columna Castejón en la mañana del 17 de agosto; el bombardeo de la aviación republicana ocasionó la muerte de cuarenta y seis personas como relata el Comandante Castejón:
«Santa Amalia cae a la derecha del Guadiana y a una distancia de Don Benito, en
línea recta, aproximadamente de veinte kilómetros. En Don Benito contaban los
rojos con un importante aeródromo y muchas bombas por descargar. Las casas del
pueblo de Santa Amalia son de un solo piso en su mayoría. No hay refugios de
arboledas ni accidente o condición alguna de terreno favorable para rehuir
ataques aéreos. Los aviones rojos daban comienzo a su ofensiva a las nueve de la
mañana para terminar a las siete de la tarde. Cargaban en Don Benito y en pocos
minutos de vuelo estaban sobre Santa Amalia para soltar las bombas, y vuelta
otra vez.. Se calcula en mil el número de artefactos explosivos arrojados sobre
las pobres casas del pintoresco pueblecillo, que sufrió en el ataque numerosas
víctimas»[27].
Una vez ocupado este pueblo continuó el avance sobre Medellín, a la otra orilla del Guadiana. Fue aquí donde Castejón se vio obligado a retroceder al encontrar una posición muy defendida desde una sierra dominante y sufrir de nuevo los ataques de la aviación. Ese mismo día, Yagüe se dirigía desde Badajoz al Teniente Coronel Franco Salgado-Araujo e insistía, una vez más, en la insuficiencia del apoyo aéreo recibido y en la inferioridad en este terreno:
«Mi querido: Estoy constantemente insistiendo con el general en cosas que según
mi manera de ver tienen una importancia grandísima.
La primera y más
importante es la cuestión aviación que está desmoralizando a la gente
enormemente porque tiene una actividad enorme y además lo hace muy bien. Empieza
a hacer pasadas y pasadas y en cada una tira una o dos bombas, tarda tres
cuartos de hora y tiene a la gente sometida a una tensión de nervios agotadora,
y como esto lo hacen tres o cuatro veces en cuanto divisan una columna la gente
está nerviosa y disgustada y no hace más que preguntar por nuestra aviación
cuando está volando la enemiga con indignación y luego con guasa.
Hay que
preocuparse de esto en serio si no queremos un día tener un disgusto grave. La
gente contra los peligros de tierra cada día más jabatos pero cuando ven un
avión se inicia el rompan filas y a duras penas se les contiene.
Ya en los
pueblos es otra cosa, saben buscar refugios y no les afecta tanto aunque no deje
de desagradarles. Realmente hace el efecto que ellos tienen superioridad en el
aire»[28].
A continuación aludía a la incapacidad de la aviación propia para hacer frente a los ataques sufridos por Castejón en Santa Amalia y Medellín: «Los aparatos de Mérida, según me dice Tella, hoy no han estado a la altura de las circunstancias». Concluía Yagüe solicitando material de guerra y propaganda: «En resumen, aviación, cañones antiaéreos, carros de combate, propaganda que en muchos casos es la que gana la guerra». En otro mensaje con la misma fecha, Yagüe volvía a insistir a Franco sobre la importancia de la aviación:
«Mi querido general: Cumpliendo lo que ordenabas en tu telegrama cifrado he
ordenado adelantar un Tabor a Navalmoral de la Mata y Puente Almaraz. Estos han
hecho la marcha de noche perfectamente bien porque no había enemigo.
Castejón emprendió la marcha de noche pero en el momento que se encuentra un
pueblo con resistencia la pérdida de tiempo hace que se eche encima el día y la
aviación enemiga, que está dando pruebas de gran actividad, se ceba en la
columna impunemente en este terreno pelado y sin protección alguna, teniendo por
toda defensa las ametralladoras de tipo antiaéreo.
La aviación ejerce una
gran influencia sobre la tropa castigada constantemente y sabiendo que no tiene
defensa alguna eficaz.
Me dice Tella que los aviones de Mérida por averías,
exceso de trabajo o por lo que sea dicen que no pueden volar mientras los
contrarios no descansan. Hay que combinar los avances con la aviación y tener
algún medio antiaéreo para por lo menos conservar la moral de la gente y que no
se vea sometida a un castigo muy duro.
Queda siempre a tus órdenes tu
subordinado y amigo»[29].
Ante la imposibilidad de continuar la escaramuza sobre Medellín-Don Benito, Castejón regresó a Santa Amalia y al día siguiente retomó el camino de Miajadas, localidad cacereña que estaba en zona nacional desde los primeros momentos de la guerra, y el frente quedó fijado en el Guadiana junto a Medellín, haciendo imposible por el momento la penetración nacional hacia la comarca de La Serena.
Tras las dificultades encontradas en el sector de Medellín-Don Benito, la Columna de Castejón era reforzada el 20 de agosto por una compañía del II Tabor de Tetuán, guardias civiles y voluntarios; cruzaba ese mismo día Logrosán y continuaba hacia Guadalupe donde habría de liberar a toda una población que buscó amparo en los muros del Monasterio ante el avance de la llamada Columna Fantasma. A finales de agosto, la Columna Madrid continuaba su avance por Cáceres y las Columnas acabaron por concentrarse en Navalmoral de la Mata. La del Teniente Coronel Tella estaba allí el 22 de agosto; el 26 la del Comandante Castejón y el 27 la del Teniente Coronel Asensio. Al llegar a Navalmoral, las columnas que estaban protagonizando el avance sobre Madrid confluían en un punto desde el que se podía plantear una nueva etapa de su ofensiva sobre la capital de España. Talavera de la Reina, ya en la provincia de Toledo, sería el próximo objetivo de importancia.
III. El Bombardeo de Cáceres
La Ofensiva Nacional sobre Vizcaya (del 31 de marzo al 29 de junio de 1937) supuso un duro revés para el Gobierno republicano pues suponía la incorporación a la España de Franco de las zonas más importantes en recursos minerales e industria estratégica. La única manera de evitar este desastre era crear ataques de diversión y quebrantadores contra otros frentes. Tal era una de las razones principales de la primera gran ofensiva de la República, en Brunete (del 5 al 25 de julio de 1937).
Una respuesta secundaria menos conocida fue una campaña de bombardeos contra ciudades de la retaguardia nacional, iniciada poco después del comienzo de la campaña del Norte y antes de los ataques a Durango y Guernica. Por ejemplo, el 12 de abril un avión bombardeó Valladolid y la carga cayó sobre varias casas próximas a la Academia de Caballería y una escuela en el momento en que salían de ella los niños. Murieron 30 personas y hubo 100 heridos, algunos de los cuales fallecieron más tarde[30]. Palma de Mallorca, Granada, Sevilla, Talavera de la Reina, Burgos, Alba de Tormes (Salamanca), Navalcarnero, Segovia, Cantalejo (Segovia), Cáceres, Córdoba, Daroca y Calatayud (Zaragoza), Miranda de Ebro, Granada, Zaragoza[31]… serían, entre otros, las ciudades convertidas durante los meses de abril a diciembre de 1937 en objetivo de la Aviación republicana que causó centenares de víctimas entre la población no-combatiente.
La incursión aérea contra la ciudad de Cáceres fue organizada durante la batalla de Brunete que se venía desarrollando en las inmediaciones de Madrid durante el mes de julio de 1937. En la mañana del 23 de julio cinco de los aviones de bombardeo soviéticos llamados Katiuskas sobrevolaron la ciudad sobre las nueve y media de la mañana, descargando sobre su núcleo urbano dieciocho bombas que afectaron a lugares como el Mercado de Abastos, Instituto de Enseñanza Media, Gobierno Civil, Plaza de Santa María, calles Santi Espíritu y Nidos y traseras del cuartel de la Guardia Civil. De poco habían servido las medidas preventivas que se habían tomado días antes de producirse la agresión por parte del Gobernador Militar y del Alcalde. Así, en la Plaza Mayor, la noche del 22 de julio se trabajaba activamente en la colocación de sacos terreros.
Especialmente dramáticas fueron las circunstancias ocurridas en la Plaza de Santa María. Unos cacereños murieron postrados ante la Patrona pues la Virgen de la Montaña se encontraba en la hoy Concatedral de Santa María; otros cuando abandonaban el Templo y otros al dirigirse a él. El Obispo Fray Francisco Barbado Viejo, con sus ropas manchadas por los cascajos y la sangre de los heridos, se adentró entre las ruinas para confortarlos y auxiliar en los últimos momentos a los más graves. Grave confusionismo reinó también en el Mercado de Abastos por la aglomeración existente en el mismo al estallar en sus proximidades algunos explosivos.
Dos de estas bombas cayeron frente a una de las puertas de Santa María y su metralla cruzada penetró en la Iglesia dejando sin vida o malheridos a todos los que estaban al fondo, por debajo de las pilas del agua bendita; otros murieron en la plazuela; el Palacio de Mayoralgo se vino abajo, como varios edificios de la Plaza y las traseras del Ayuntamiento, con personas muertas o heridas en todos ellos. Quienes eran niños entonces todavía recuerdan el episodio:
«A mí, como a otros niños, nos cogió en el colegio de don Ponciano, que nos
mandó a casa y con el temor y la curiosidad infantil, atravesamos ese
espectáculo dantesco... No se me olvidará la figura del Obispo, el dominico Fray
Francisco Barbado Viejo, con su blanco hábito cubierto de sangre, reconfortando
a los heridos, ayudando a todos y dando la “extremaunción” a los muertos; los
legionarios escayolados evacuando heridos, y algunos miembros, seccionados
brutalmente por la metralla, colgando de la bóveda del palacio de Canilleros,
que era cuartel de milicias.
En las carpinterías de Cáceres se terminó la
madera para hacer ataúdes. Se autorizó a llevar, sin muchos trámites, a los
muertos a enterrar a los pueblos de los que procedían... Treinta y tres personas
fueron enterradas en el Cementerio de Cáceres, aparte de miembros amputados de
algunas otras... y se decretó el silencio oficial por razones de guerra»[32].
La información sobre lo ocurrido en Cáceres fue recogida en el Parte Oficial de Guerra en los siguientes términos:
«La aviación enemiga, siguiendo su criminal costumbre de bombardear poblaciones
indefensas de la retaguardia, sin finalidad militar alguna, ha bombardeado hoy
la capital de Cáceres con cinco aviones causando muertos y heridos en la
población civil, la mayor parte mujeres y niños. Este criminal proceder obliga a
llevar a cabo las naturales y prontas represalias que ya hemos tenido que
ejercer en otras ocasiones iguales»[33].
El Parte Oficial republicano únicamente afirmaba, con evidente escarnio de la verdad, que se habían bombardeado «diversos objetivos militares en las cercanías de Cáceres»[34].
El resultado fueron 31 muertos y 64 heridos, cuatro de los cuales murieron después elevando a 35 el número de víctimas del bombardeo. De éstos 12 eran hombres y 23, mujeres. La víctima más joven era una niña de 4 años y la de más edad un anciano de 87. 14 de ellos pueden considerarse de edad madura, 15 eran menores de 25 años y 6 mayores de 60[35].
Sospechándose que esta acción formaba parte de un plan previamente trazado por el Gobierno republicano, sospecha que se iba a reforzar al descubrirse en las Navidades de 1937 el proyecto de infiltración en la propia retaguardia cacereña llevado a cabo por Máximo Calvo, las autoridades nacionales reforzaron las defensas antiaéreas en las poblaciones extremeñas más importantes: se crearon refugios, se construyeron trincheras, se implantaron servicios de vigilancia y escuchas, instalándose sirenas que anunciaban de la presencia de aviones. Todo ello ocurría sobre todo a partir del otoño de 1937, afortunadamente los bombardeos republicanos en la retaguardia extremeña descendieron notablemente hasta que tuvo lugar la ofensiva del verano de 1938 en La Serena.

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· SALAS LARRAZÁBAL, Jesús: La guerra de España desde el aire: dos ejércitos y sus cazas frente a frente, Ariel, Barcelona, 1972.
· Id,: Guernica, Rialp, Madrid, 1987.
· Id.: Guerra Aérea 1936/39, (4 vols.), Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire, Madrid, 1998-2003.
· SELLERS DE PAZ, Germán: Cáceres visto por un periodista, Editorial Extremadura, Cáceres, 1964.
· SOLÉ I SABATÉ, Josep María – VILLARROYA, Joan: España en llamas: la Guerra Civil desde el aire, Temas de Hoy, Madrid, 2003.
NOTAS
[1] Partes Oficiales de Guerra, 1936-1939. II. Ejército de la República, Librería Editorial San Martín, Madrid, 1978, pp.12-14.
[2] Así se ha demostrado para la ciudad de Córdoba en HIDALGO LUQUE, Patricio: «Los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional durante la Guerra Civil Española: aproximación al caso de Córdoba», Comunicación presentada al Congreso «La República y la guerra civil setenta años después», Universidad San Pablo-C.E.U, Madrid, noviembre de 2006. Puede verse en: http://www.telefonica.net/web2/guerracivilcordoba/los_bombardeos_aereos_republican.htm (consultado el 12 julio 2007).
[3] Sus nombres constan en el Registro Civil de Santa Amalia: Enrique Cerrato García (32, Jornalero), Francisco Cerrato Morcillo (45, Labrador), María García González (38, Sus labores), Pablo Parras Cidoncha (55, Labrador) y Víctor Carmona Cerezo (31, Jornalero).
[4] 2ª División. Referente a vicisitudes y adhesión al Movimiento Nacional de las provincias de Cáceres y Badajoz, 22 julio a 9 de agosto 1936, Archivo General Militar de Ávila (en adelante, AGMA), Cuartel General del Generalísimo (en adelante, CGG), Leg.337, Carp.2, Arm.6, 6. El 1 de agosto, el Coronel Álvarez Díaz precisaba en un informe al Mando de Valladolid que el número de los pasados era de «1 comandante, 2 capitanes, 5 subalternos y 230 guardias civiles, con todo el armamento y municiones» (cit.por GUTIÉRREZ CASALÁ, José Luis: La Guerra Civil en la provincia de Badajoz (Represión republicano-franquista), Universitas Editorial, Badajoz, 2003, p.84).
[5] Cfr. GARCÍA ARIAS, Luis: «Política internacional (1936)», en La Guerra de Liberación Nacional, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1961, pp.423-424.
[6] AGMA, CGG, Leg.344, Carp.5, Arm.6, 16-17.
[7] Cfr. Arriba, Madrid, 13 agosto 1939; Afán, Badajoz, 14 agosto 1939; GOMÁ José: La Guerra en el aire (Vista, suerte y al toro), Editorial AHR, Barcelona, 1958, p.86. El 18 de julio se encontraba disfrutando permiso de verano y se presentó en el Aeródromo de Tablada cooperando en todos los servicios que le fueron encomendados para la ocupación de los pueblos de las provincias de Sevilla, Málaga, Córdoba y Badajoz así como transportando tropas desde Tetuán a Sevilla. Estaba en posesión de seis cruces por relevantes servicios prestados en Marruecos y tenía la facultad de usar la Medalla conmemorativa de la Campaña con el pasador de Marruecos.
[8] Relato de los martirios y del fusilamiento de que fui víctima por los rojos desde el 18 de julio del año 1936, Declaración de Leopoldo Río Lagrimal (Talavera la Real, 27-diciembre-1936), Archivo General de la Guerra Civil-Salamanca, Político-Social (Extremadura), Carpeta nº23.
[9] Asuntos relacionados con la toma de Badajoz, agosto 1936, AGMA, CGG, Leg.344, Carp.5, Arm.6, 24.
[10] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 27.
[11] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 36.
[12] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 42.
[13] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 44.
[14] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 64.
[15] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 39.
[16] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 46. Hacia las 12h aún no se había recibido respuesta positiva y se reiteró la solicitud (p.52). A las 12.40h se le comunicaba a Yagüe que no podía salir el convoy porque estaban tirando a Mérida con fuego (p.67).
[17] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 45.
[18] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 50.
[19] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 51.
[20] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 62.
[21] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 63.
[22] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 37.
[23] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 38.
[24] Ibíd.: Carp.5, Arm.6, 71-72.
[25] Hoy, Badajoz, 31 agosto 1939.
[26] Informe de la Guardia Civil (Mérida, 14 noviembre 1940), AGMA, CGG, Leg.35, Carp.17.
[27] Cit.por ARRARÁS, Joaquín (dir.): Historia de la Cruzada, VII, Datafilms, Madrid, 1984, p.25.
[28] Cit. por FRANCO SALGADO-ARAUJO, Francisco: Mi vida junto a Franco, Planeta, Barcelona 1977, p.351.
[29] Ibíd.: p.352.
[30] Cfr. MARTÍN JIMÉNEZ, Ignacio: La guerra civil en Valladolid. Amaneceres ensangrentados, Ámbito Ediciones, Valladolid, 2000, p.298.
[31] Cfr. la enumeración elaborada a partir de los Partes de guerra en SOLÉ I SABATÉ, Josep María – VILLARROYA, Joan: España en llamas: la Guerra Civil desde el aire, Temas de Hoy, Madrid, 2003, 133-137.
[32] Testimonio de Fernando García Morales: http://angel-moreno-amor.iespana.es/articulos/fernando/romand.htm (consultado el 12 julio 2007).
[33] Partes Oficiales de Guerra, 1936-1939. I. Ejército Nacional, Librería Editorial San Martín, Madrid, 1977, p.193.
[34] Partes Oficiales de Guerra, 1936-1939. II. Ejército de la República, Librería Editorial San Martín, Madrid, 1978.
[35] Cfr. AGMA y Extremadura, 22 julio 1938.
Publicado en:
El Bombardeo de Cáceres y la aviación en Extremadura durante el primer año de guerra (1936-1937) Angel David Martín Rubio Altar Mayor, Nº. 122, 2008, pags. 1081-1095

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